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Futuro

Seamos aliadas

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Desde niñas, en la casa, la escuela y en todos lados, nos enseñan a competir entre nosotras. Que si ella es más bonita que tú, que es si más lista o tiene mejor cuerpo… y no solo somos competencia, aprendemos que otra mujer es una amenaza.

Eso tiene que parar. Hay que romper con lo que nos han hecho creer durante muchas generaciones, desde nuestras abuelas y mamás: que mujeres somos enemigas.

Tenemos que dejar de juzgarnos, criticarnos y atacarnos entre nosotras. Una manera de hacerlo en siendo sororas.

¿Has escuchado hablar sobre “sororidad”?

Viene del latín “soror” que significa hermana. Entonces cuando decimos que las mujeres tenemos que ser sororas, quiere decir que nos tenemos que tratar como si fuéramos “hermanas”, porque las hermanas se quieren, a pesar de que a veces se enojan y se pelean; se respetan, aunque no siempre están de acuerdo en todo.

La sororidad promueve la hermandad entre mujeres, más allá de las diferencias.

La palabra está tomando tanta importancia que hace poco fue incluida en el diccionario por la Real Academia Española y la definen como, “un grupo que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”.

Seguro vas a estar escuchando hablar de sororidad muy seguido, pero…

¿Cómo podemos ser sororas?

Haber no significa que todas las mujeres nos tienen que caer bien, no es posible que amemos a todo nuestro género… no es eso, sino que empecemos a pensar y opinar diferente sobre otras mujeres. Por ejemplo, en lugar de asumir que la víctima hizo algo para “merecer” un acoso o abuso, hay que apoyarla. Dejemos de pensar que otra mujer logró algo solo por ser bonita y no por su esfuerzo, y porque se preparó bien.

Seamos sororas, apoyémonos en lugar de estar criticándonos todo el tiempo. Celebremos lo que hacen otras mujeres en vez de pensar siempre lo malo de ellas. Seamos empáticas, solidarias… no enemigas.

Empecemos a practicar la sororidad con nuestro círculo cercano, con las niñas de la escuela y las maestras, con nuestras tías, primas… y luego con todas las mujeres que conozcamos.

  • Nunca justifiquemos la violencia hacia otras mujeres, ni dudemos de sus testimonios, jamás pensemos, “ella se lo buscó”.
  • No juzguemos a las demás por su apariencia física o por la forma como se visten. Cada quien es libre de decidir sobre su cuerpo.
  • Evitemos compartir ideas sobre nosotras, como que somos débiles, dramáticas, histéricas…
  • Seamos amables y generosas con las demás. Seamos esa persona que nuestras amigas llamarían sin importar el problema que tengan.
  • Cuando una mujer esté hablando mal de otra, parémosla.
  • Generemos una red de apoyo entre amigas para ayudarnos cuando sea necesario.
  • Mantengámonos comunicadas para saber dónde estamos y tengamos planes para situaciones de peligro.
  • Invitemos a todas las mujeres que conozcamos a ser sororas.

La sororidad nos une, nos vuelve aliadas para luchar contra la violencia, los abusos y el acoso físico y emocional que muchas sufren. Unidas somos más fuertes, divididas es más fácil que nos ataquen. Juntas podemos transformarlo todo y somos más poderosas. Unidas podemos protegernos y defendernos mejor de quienes nos hostigan. Tenemos más fuerza para trabajar por nuestros derechos y provocar un cambio positivo para nosotras.

Hagamos lo que está en nuestras manos para crear nuestros propios espacios seguros, aliarnos, cuidarnos y sanarnos. Y sigamos exigiendo que se garantice nuestro derecho a una vida libre de violencia.

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